Bicentenario Dualista

Por Ricardo Antonio Ortiz Hernández


El concepto dualismo proviene de la voz latina dualis, la cual hace referencia a la reunión de dos cosas, substancias o realidades en un solo ente existencial. A lo largo del desarrollo de la humanidad, es un problema que atañe en cualquier punto histórico como lo es el problema del alma y cuerpo en la filosofía platónica, o bien la existencia del bien y el mal en la teología, inclusive en la actualidad con el tema de la fe y la ciencia, es decir, que dicho vocablo se puede encontrar presente no solo en la realidad social, sino en la individualidad de la persona humana.


Pero, ¿por qué dar a entender que esta magna celebración del bicentenario de independencia es dualista? Para encontrar la respuesta a dicha interrogante se debe hacer un poco de memoria histórica y ver ese hecho desde la perspectiva de los perdedores, no de los vencedores, porque de lo contrario prevalecerá una celebración sin sentido, con amnesia histórica y sobre todo imparcial. Quienes se independizaron del gobierno español fueron los criollos y algunos mestizos que se colaron en el poder, pero qué sucedió con el resto de la población, los tan mal llamados indios; por eso se podría decir que es un bicentenario de independencia para unos pocos, pero doscientos años de subyugación, discriminación, marginación e inhumanización de otros muchos.


Podría, incluso, comparar este dualismo independentista con el ouróboros(1) porque dicho acto tan heroico significó cambio para unos, pero un estado de permanencia para otros, quienes se perpetuaron en el poder político, social y económico fueron las élites de aquel entonces, pero qué sucedió con el resto de la población, el único cambio notorio fue el del patrón que imponía su ley sobre ellos viéndolos como esclavos sin valor alguno, y la historia se volvía a repetir con cada gobernante de aquella nación independiente, solo teniendo un respiro en aquellos años de gobierno de Árbenz, florecimiento de la democracia en el país, sin embargo tras su sucio derrocamiento, vuelve a caerse en ese ciclo vicioso de violencia hacia los pueblos maya-descendientes, esta vez con treinta y seis años de conflicto armado interno marcado por la violencia y masacre de muchos ellos.


Con la firma de la de paz, se plantea una Guatemala justa y equitativa, pero nuevamente el dualismo aparece, porque dichos acuerdos solo garantizaban el bienestar de unos pocos y continuando con el ciclo vicioso de aislamiento social de aquellos infortunados quienes sufrían la pérdida de esposos, hijos y familiares, quienes aún no se les ha dado justicia en este sistema resquebrajado por los intereses de aquellos herederos del pensamiento de patrón colonial.

No se sabría decir si es fortuna o desgracia, que dicha conmemoración se celebre en un año de pandemia que ha azotado el territorio nacional, pero lo que sí es seguro, es que esta emergencia sanitaria vino a poner en evidencia muchas fracturas sociales y antropológicas vividas en Guatemala, pero también es momento oportuno para un análisis profundo y procurar un cambio en los imaginarios sociales para detener la enfermedad de la corrupción.


No se podría celebrar entonces un bicentenario que sigue promoviendo racismo, exclusión, corrupción, mediocridad, analfabetismo, hambre, marginación, basta ya de romantizar el acto dualista de la independencia con actos cívicos sin sentido, coronaciones de representantes de la belleza sin sentido crítico de la realidad, abanderados que memorizan contenido teórico pero desconocen el trasfondo de la historia nacional, desfiles escolares que solo representan la pasada militarización de la educación del país, dejar de usar la cultura Maya como imagen bonita para atraer turismo y generar bienes a costilla de ellos mientras muchos mueren de hambre en el interior en los municipios y aldeas más lejanas.


Más bien, que el bicentenario sea motivo de reflexión social, cultural, económica, educativa para empezar a hacer un cambio desde lo más profundo de las realidades grupal e individual de la sociedad guatemalteca y así un día entonar con orgullo esas líneas del himno nacional “ni haya esclavos que laman el yugo ni tiranos que escupan tu faz”.



Ricardo Antonio Ortiz Hernández

P.E.M. en Filosofía



 

(1) «Ουροβóρος» voz griega que se significa serpiente que se come su propia cola, cuyo simbolismo remite a la naturaleza cíclica y a la idea del eterno retorno.

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